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La inclusión social no debe ser impuesta, sino construida

La propuesta del alcalde Petro acerca de construir viviendas para desplazados, ha generado un interesante contrapunteo de opiniones respecto a la conveniencia de esta propuesta. Unos afirman que puede traer problemas de inseguridad, pérdida del valor de las propiedades circundantes, surgimiento del comercio informal, entre otras posibles consecuencias. Por otro lado los beneficios que se proponen son la inclusión social, la sana convivencia y también la participación de toda la ciudadanía en los procesos de post-conflicto.

Todos los argumentos son válidos en parte, pero no en un sentido absoluto. Lo importante es que la gente está empezando a hablar, a salir de la pasividad, a entender que el conflicto ha tocado a las puertas de su casa, invitándolos a discutir, conciliar, aún polemizar, y que no es un hecho aislado que ocurre en  "el monte", por allá en un lugar inhóspito que hace parte de una leyenda de ficción.
Y cuando se trata de expresar opiniones, los colombianos debemos a aprender a escuchar al otro, validar su opinión o refutarla con argumentos, y también, estar dispuestos a evaluar nuestro discurso para construir una nueva verdad, que se va construyendo poco a poco frente a los nuevos desafíos que va trayendo la reconciliación que se propone en este proceso de paz.

Y dentro de esta construcción de nuevos discursos acerca de la convivencia, la paz, la igualdad, se hace necesario prescindir o por lo menos trascender, el uso de terminología destinada a etiquetar a nuestros antagonistas. Es fácil etiquetar a nuestro prójimo con frases como comunistas, elitistas, clasistas, Castro-Chavistas, etc, con el único fin de demeritar al rival de opinión y asumir la postura sorda de que simplemente lo que el otro tiene que decir no tiene validez (algo que se hizo bastante evidente en las últimas elecciones presidenciales.

¿Es necesaria la eliminación de los estratos? Sí. En el sentido de que las necesidades de los ciudadanos hoy día, no son las mismas de hace treinta años. Hay gente que puede vivir en un estrato cuatro, pero no tiene ni para comer. Hay gente que vive en estrato dos pero con ingresos de estrato seis. 

Pienso que un error está en politizar todas las decisiones que conciernen la ciudad. No es suficiente esgrimir un argumento filosófico para sustentar y justificar una inversión en particular. Debe haber un sustento técnico, sociológico, ambiental, económico, entre muchos otros para implementar, en este caso, un proyecto de vivienda.
Hay un principio fundamental: el bien general. Si se hace una propuesta puntual de vivienda, esta debe hacer parte de una política macroeconómica. ¿Es normal desconfiar de las buenas intenciones de Petro? Sí. Y esto viene dado por los antecedentes de su administración. Caso concreto: el manejo de las basuras. Es por eso que uno puede pensar que su propuesta es tan solo una medida ideada para "pisar callos" e ir en contra de la clase dominante.

La igualdad no se puede imponer, se construye poco a poco. En un sentido filosófico, todos somos iguales, pero la conciencia de la misma, es un proceso que debe involucrar, no solo a Bogotá, sino a toda la sociedad colombiana, y se debe propiciar en todas las esferas, en el largo plazo.

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